Vivir es un tránsito, un camino en donde todos somos nómadas. Que la travesía merezca la pena, depende de ti.

19 de abril de 2017

Tarabilla

Al poco de salir los primeros rayos de sol, la hembra de tarabilla común (Saxicola torcuatus rubicola) ya se posa cerca de mí, como anunciándome el inicio de lo que será quizás una sesión fructífera. La mañana está clara y fresca, mientras la luna permanece aún visible sobre el horizonte. La humedad de la noche se evapora en el ambiente y me obliga a abrigarme un poco. Estoy destemplado pero feliz de encontrarme aquí, rodeado de cantos y trinos, de campos verdes y pajarillos. La primavera a explotado y todo parece efervescente alrededor mío. La pareja de tarabillas me visita cada cierto tiempo, entre cogujada y cogujada. La mañana pasa entretenida y los disparos de la cámara se acumulan en la tarjeta de memoria de un modo lento e intermitente, mantenéndone de este modo entretenido y alerta. El macho en especial tiene la mala costumbre de posarse delante de mí apenas unos segundos y, además, en el posadero que yo no tengo encuadrado. Así pues, muevo lentamente el objetivo hacia su atalaya, encuadro al pequeño modelo, enfoco su ojo y ... se va volando como riéndose de mi justo cuando voy a apretar el botón del disparador.

Desde mi posición puedo ver sin ser visto. El paso de tractores lejanos, con su ronroneo cansino; el vuelo increíblemente elegante de los milanos; el veloz del cernícalo; las alertas de los conejos; los revoloteos cercanos de las collalbas rubias y grises buscando insectos por el suelo, compartiendo espacio; alguna abubilla con su reclamo hueco; urracas, grajillas y cornejas que se posan sobre la encina que me esconde; o en la lejanía la pareja de perdices que de vez en cuando proclaman sus amores a los cuatro vientos. Y verderones, y jilgueros, y gorriones, y abejarucos, ...

Estas mañanas de primavera son, sin duda, un bálsamo contra las prisas de la ciudad.






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